1. PUNTUACIÓN: LA COMA

Este signo de puntuación sirve para indicar una pausa menor. Su colocación determina la correcta entonación y comprensión del escrito. Es el más usual e importante de los signos de puntuación, pues una coma mal colocada puede expresar lo contrario de lo que se desea. Ejemplos: Mi madre me llamaba, a las seis de la mañana me preparaba el desayuno y el bocadillo. Mi madre me llamaba a las seis de la mañana, me preparaba el desayuno y el bocadillo. Si te quisiera, mal podría perderte. Si te quisiera mal, podría perderte. La coma se emplea en los siguientes casos:

  • Al realizar una enumeración nos sirve para separar los diferentes objetos o cualidades. Ejemplos: Libros, cuadernos, bolígrafos y lápices están sobre la mesa. La luna se ve clara, redonda y blanquísima.
  • Para realizar una aclaración sobre una palabra. Ejemplos:  Andrea, la de la pajarería, ha vendido ocho cacatúas en un mes.  La casa, vieja y desvencijada, se vendió muy barata.
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    1. Coloca las comas donde correspondan:

“El gallego y el portugués moderno procede de la lengua medieval romántica. El vasco por el contrario no. Las dos primeras el gallego y el portugués aunque muy parecidas se separan por rasgos importantes de orden fonético morfológico léxico y sintáctico”.

  1. Coloca las comas que faltan en el texto:

“Animado por el éxito Antonio repitió la visita a las demás casas de la manzana. Según pudo darse cuenta enseguida sus dueños las habían construido obedeciendo a un mismo esquema. Rodeadas de verjas puntiagudas o de muros erizados de cristales parecía que la vida se hubiera detenido a sus puertas que el calendario hubiera dejado de correr olvidado”.

  1. Sitúa puntos y comas en este fragmento del libro “Abel Sánchez”, escrito por  Miguel de Unamuno.

“Parecíame que Helena había querido afrentarme y nada más que había enamorado a Abel por menos precio a mí pero que no podía montón de carne al espejo querer a nadie y la deseaba más que nunca y con más furia que nunca en alguna de las interminables modorras de aquella noche me soñé poseyéndola y junto al cuerpo  frío e inerte de Abel fue una tempestad de malos deseos de cóleras de apetitos sucios de rabia con el día y el cansancio de tanto sufrir volvióme la reflexión comprendí que no tenía derecho alguno a Helena pero empecé a odiar a Abel con toda mi alma y a proponerme a la vez ocultar ese odio abonarlo criarlo cuidarlo en lo recóndito de las entrañas de mi alma”.